domingo, 20 de mayo del 2012

Columna de Opinión:

Lo Transexual en la Identidad de Género

Michel Riquelme Normabuena *

El término “Identidad de género” fue acuñado por el psiquiatra Stoller, en la década de 1960, para dar respuesta al fenómeno de personas que teniendo cuerpo de “hombres”, se sentían y comportaban como “mujeres” (1), fenómeno bautizado finalmente por la Psiquiatría como Trastorno de Identidad de Género, también conocido como Transexualidad (en el caso anterior, femenina (2)), Disforia de Género o Síndrome de Harry Benjamín. Con la aparición del término Género, se logró, aparentemente, separar la categoría sexo o “lo natural” del género o “lo cultural”. El término Género, fue adquiriendo con el correr de los años, importancia en la lucha por la inclusión de las mujeres en las políticas y decisiones de los Estados y la sociedad. Manteniendo en la actualidad, su asociación inmediata al tema “mujer”. Sobretodo por parte del gobierno y las organizaciones que promueven los derechos de las mujeres.

Sin embargo es un término que involucra muchas más intersecciones. En el caso de las personas transexuales, agrupadas en organizaciones nacionales e internacionales, se apela a un reconocimiento por parte de los Estados a la Identidad de Género de la persona, independiente de su genitalidad. Cuestionando de esta forma, el paradigma de que las mujeres tienen que tener vagina y los hombres pene. Se crean así, nuevos nichos de clasificaciones identitarias y por qué no de Género. Los cuerpos de las personas trans, imperfectos para algunos/as, revolucionarios para otros/as, rompen con el estereotipo del modelo hombre/pene/masculino y mujer/vagina/femenina, dando lugar a una gran variedad de combinaciones posibles, poniendo en jaque los modelos estereotípicos, evidenciando sus incongruencias.

Qué es ser hombre y qué es ser mujer, se vuelven entonces, construcciones tan subjetivas y diversas como la personalidad de cada uno/a. Sin embargo por ser los estereotipos de hombre y de mujer, las bases estructuradoras de todo nuestro sistema socio económico, siguen siendo fuertemente custodiados y reforzados a diario mediante su naturalización, lo que engañosamente los hace parecer inmutables, y su imposición en términos administrativos en la cotidianeidad.

Uno de los ejemplos clásicos de esta última situación es cuando una persona transexual va a cambiar un cheque o realizar otro trámite que implique exhibir su cedula de identidad, en la cual aparece un nombre tradicionalmente asociado al género femenino y en apariencia la persona es masculina, asemejándose a lo que la mayoría concibe como ideario de “hombre”. El/la funcionario/a receptor/a de esa cedula, esta condicionado/a por el modelo clásico de hombre y de mujer, por ende queda descolocado/a y pone en duda la legitimidad de esa identidad mediante la aseveración: “Pero esta persona no es usted”.

Estos mismos mecanismos de control de las identidades-cuerpos, no solo coartan las expresiones alternativas de las identidades de género y de las sexualidades, sino que también las expresiones de aquellas personas que piensan ser los “normales”. Tenemos así la presión social para que las mujeres busquen y exacerben un estricto y violento ideal de belleza, la imposición de la maternidad como una obligación, que los hombres se desvivan por el tamaño del pene y por siempre tener que estar dispuestos a las relaciones sexuales, la heterosexualidad obligatoria, entre muchas otras formas de control y encauzamiento del “deseo”, entendido no sólo en relación al apetito sexual, hacia determinados patrones de comportamiento. Por ejemplo, me pregunto que sería de la industria de la publicidad si ya no existieran, tan patentemente, estereotipos de feminidad y masculinidad separados según sexo. Qué les tocaría inventarse a los/as publicistas para inducir el deseo de comprar y poder vender todos esos desodorantes, cosméticos, cervezas, ropas, zapatos, juguetes, etc.

Estamos claros/as de que nuestra sociedad es diversa, tan diversa que llegar a un consenso sobre taxonomías o clasificaciones absolutas es imposible. Las personas transexuales representamos una parte de esa gran diversidad aunque se intente invisibilizar y deslegitimar nuestras identidades. ¿Se siente usted hombre o se siente usted mujer? ¿Qué argumentos esgrimiría si le digo que no creo en su respuesta? ¿Qué argumentos utilizaría para resguardar su género?

A este tipo de interpelaciones solemos vernos enfrentadas las personas transexuales a diario desde una ciencia que nos cataloga de “trastornados/as” hasta una justicia que viola nuestros Derechos Reproductivos obligándonos a esterilizarnos y no haber procreado descendencia para reconocer nuestra Identidad de Género, pasando por una larga lista de interpelaciones, discriminaciones y violencias en el camino, a mi parecer, provocadas en gran medida por el temor de que nuestras identidades y cuerpos atípicos, pero ineludibles, cuestionen la propia construcción de masculinidad, feminidad y orientación sexual. Que rara vez suelen ser cuestionadas como tales y simplemente se “asumen” como “lo natural”. También muchas veces las propias personas transexuales no estamos ajenas a estos temores por el constante cuestionamiento que se hace a nuestra Identidad de Género y solemos aferrarnos y reproducir modelos de masculinidad o feminidad que rayan en el fanatismo. Remedando las mismas conductas violentas de las que somos objeto.

Con el correr del tiempo y los cambios que se generan, la vida implica un repensarse y una transformación continua, todos los conceptos que en un comienzo parecen estáticos, van adquiriendo la movilidad que cada quien admite, siendo el género y la sexualidad uno más de esos conceptos.

1. ¿Por qué le llaman género cuando quieren decir sexo?: Una aproximación a la teoría de la performatividad de Judith Butler. Eva Patricia Gil Rodríguez << Volver

2. Para las organizaciones de la sociedad civil organizadas en torno a la temática transexual, el término transexual femenina es utilizado para referirnos a las personas que habiendo nacido con genitales clasificados por la ciencia como masculinos (pene y testículos) se identifican como mujeres. Mientras que el término transexual masculino, es utilizado para referirse a las personas que habiendo nacido con genitales clasificados como femeninos (vulva y vagina) se identifican como hombres. Al revés de las denominaciones que algunas corrientes psicológicas y/o psicoanalíticas utilizan para referirse a las personas transexuales, manteniendo el trato con el/la paciente en términos del género masculino o femenino que este/esta rechaza. << Volver

* Persona transexual activista de la Organización de Transexuales por la Dignidad de la Diversidad y del Colectivo TransLésbica “Paila Marina” www.transexualesdechile.org.

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